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545 • EL MAGO DE VILLA LURO

 

Sábado, 28 de junio de 2003

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Juan Baigorri en su laboratorio

Lunes 2 de enero de 1939, "Como lo pronosticó Baigorri, hoy llovió", éste era el título de tapa que mostraba la edición de la tarde del diario Crónica. Pero había más, Baigorri no pronosticaba la lluvia...  la producía.

Juan Baigorri Velar nació en la provincia de Entre Ríos. Hijo de un militar muy amigo del Gral. Julio Argentino Roca, cursó estudios en el Colegio Nacional Buenos Aires y luego se recibió de ingeniero. Se especializó en petróleo y viajó a Italia para cursar Geofísica en la Universidad de Milán. Allí diseño y construyó un aparato que medía el potencial eléctrico y las condiciones electromagnéticas de la tierra. Esto sería el principio de lo que hoy es casi una leyenda.

En 1929 acepta un cargo que le fuera ofrecido por el entonces director de YPF (compañía petrolera estatal argentina), el Gral. Enrique Mosconi. Por este motivo se instala en Buenos Aires junto a su mujer e hijo. Primero en el barrio de Caballito, pero advierte que la zona es demasiado húmeda para su gusto y el de sus delicados instrumentos. Un día recorre la ciudad llevando con él uno de sus aparatos, y al pasar por la zona de Villa Luro, descubre que ese lugar es el más alto de la ciudad de acuerdo a la medición del instrumento, y allí se muda luego de encontrar una casa adecuada en Ramón Falcón y Araujo. En un altillo instala su laboratorio y allí perfeciona el curioso aparato con antenas extensibles, que diseñó en Italia.

Eran los años en que las ondas electromagnéticas fascinaban sin distinción y tenían el poder de atraer realidades y fantasías: tratamientos de onda corta, armas letales como el rayo de la muerte y por supuesto las comunicaciones inalámbricas que inaugurara Marconi dos décadas atrás.

Es en 1938 cuando el ingeniero Baigorri descubre que su aparato, una caja cúbica del tamaño de un aparato de TV mediano actual y con dos antenas que sobresalían misteriosamente, cargado con reactivos químicos y conectado a una batería, provocaba una lluvia que se desparramaba en los alrededores. A partir de ese momento comienza a realizar pruebas en los lugares más difíciles.

Mantuvo siempre en secreto los planos y detalles, pero decía que las ondas electromagnéticas pueden inducir la formación de nubes, siendo luego la lluvia casi inevitable. Baigorri aceptó desafíos con resultados diversos, algunos de ellos muy atrevidos:

  • Estancia "Los milagros", de Juan Balbi, provincia de Santiago del Estero. Hacia 16 meses que no llovía. Baigorri conecta sus instrumentos y llueve.
  • También en Santiago del Estero es solicitado por el Gobernador Dr. Pío Montenegro. Acude a una estancia del funcionario en donde no llovía desde hacía ya tres años. Tres días de trabajo y llueven 60 mm. en dos horas.
  • Nuevamente Santiago del Estero, para Navidad. Llueve como nunca.
  • En Carhué hacía tres años que no llovía. Va Baigorri con sus aparatos y llueve tanto que se desborda la laguna.
  • El Ministro de Asuntos Técnicos de la provincia de San Juan lo llama en 1951 para probar suerte en una zona en la cual no caía agua desde hacía 8 años. Prueba y llueven 30 mm.

Pero el más conocido fue en los inicios de 1939. Una polémica había nacido con el director del Servicio de Meteorología Nacional quien no perdía ocasión para hablar en tono entre burlón y despectivo de Baigorri y su aparato. En diciembre de 1938 el diario Crítica publica el desafío a que el ingeniero haga llover el 2 de enero de 1939. Baigorri acepta el reto y no sólo eso: en un rasgo de humor poco habitual en él, le envía un paraguas de regalo al Director de Meteorología con una tarjeta que decía "Para que lo use el 2 de enero". Esa mañana comenzó sin brisa y escasas nubecitas, pero ha medida que avanzaba la tarde el cielo se cubrió de nubes, primero grises y luego negras; luego gotitas y finalmente cae un aguacero violento que se prolonga hasta el dia siguiente.

A pesar de todo esto, una buena parte de la opinión pública desconfíaba del método. Lo llaman El mago de Villa Luro y les cuesta creer que aquello sea posible. Lo entrevistaron de varios diarios y revistas extranjeras. En la década del 40' un ingeniero norteamericano vino a verlo ofreciéndole mucho dinero por el invento y Baigorri contestó:
- Soy argentino ... Y mi invento es para beneficiar a la Argentina.
Los ofrecimientos se sucedieron, pero la respuesta fue siempre la misma. A pesar de todo esto, el manoseo popular de la idea y las feroces embestidas de funcionarios que no estaban de acuerdo, hicieron que Baigorri Velar decidiera retirarse, aunque continuó con esporádicas experiencias en los lugares en donde se lo solicitaba. Tal vez no llovió en ciertos lugares a los que acudió el ingeniero con sus aparatos, pero es innegable que sí lo hizo en mucho otros donde hacía mucho tiempo que tal cosa no ocurría. El hecho es que todavía hoy se polemiza sobre el tema.

Baigorri murió en 1972 a los 81 años. Nunca más se supo de aquella máquina con antenas. Tal vez pidió que fuera encendida por última vez durante su entierro, ese día de otoño también llovió.

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