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803 • PENSAMIENTO LATERAL

 

Lunes, 26 de abril de 2004

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  Por extraña que parezca, la siguiente escena es real: en una sala se encuentran varios ejecutivos de una gran empresa, impecablemente vestidos y con un alto grado de calificación en su trabajo. Con ellos hay un profesor, que les planteará un problema. El asunto a resolver no se refiere a ninguna complicada operación financiera, simplemente se trata de unir dos cuerdas de 20 cm que cuelgan a cada lado del pizarrón. El inconveniente es que las cuerdas, están demasiado lejos una de otra. Comienzan a aparecer soluciones: uno de los ejecutivos propone colgar pesas de las cuerdas para que se vayan estirando. Otro, agrega que deberían mojarlas para que se expandan aún mas. Un tercero, propone utilizar otro trozo de cuerda para cubrir la distancia entre ambos cabos. No falta quien exclama que es imposible. Finalmente, uno de los participantes, suelta de su clavo una de las cuerdas y, tranquilamente, la ata a la otra. Asunto concluido.

¿Y para qué ha servido todo esto? A primera vista podría parecer una apuesta, un juego de niños, o una manera muy eficaz de perder el tiempo. En realidad, forma parte de un curso destinado a aumentar la capacidad de innovación de sus participantes. En este caso, la persona que unió las dos cuerdas superó con mucho a sus compañeros, precisamente por pensar de una manera más creativa: todos los demás dieron por sentado que las cuerdas no podían moverse de donde estaban, pero la verdad es que nadie les había dicho que debía ser así. Lo que distinguió a ese participante de los otros fue que se atrevió a introducir una variante.

Se ha demostrado que los niños son nueve veces mas creativos antes de entrar a la escuela que al salir de ella. La vida escolar mata la creatividad, pues fomenta el pensamiento patrón y las respuestas convencionales.

Hace unos 35 años, el pensador inglés Edward de Bond acuñó el concepto de pensamiento lateral, en el que no se traza una línea recta para llegar a un objetivo. Su primer mandamiento es “comprender que una idea dominante puede ser un obstáculo, en vez de una ventaja". En sus numerosos libros ha indicado incansablemente que cada persona es capaz de ampliar su propio pensamiento, incluso sin el apoyo de un grupo. Hay diferentes métodos de lograr esto:

  • Formación de analogías. Un ejemplo de este método es la máquina desgranadora del algodón. Su creador obtuvo la idea después de observar a un gato intentando atrapar a un pollito a través de una alambrada. La máquina carda los granos de algodón de un modo muy similar.
  • Formación de asociaciones. Los diseñadores de la NASA buscaban un sustituto del tradicional cierre de cremallera para los trajes de los astronautas. En una sesión de búsqueda de ideas, el equipo escogió al azar una palabra en el diccionario: apareció rainforest, que en inglés
    define los bosques y campos llenos de matorrales y plantas espinosas. Uno de los participantes imaginó que corría por el bosque entre los matorrales, y que un montón de espinas quedaban adheridas a su ropa. El resultado fue la fabricación del cierre velcro para astronautas, en el que miles de fibras similares a espinas se adhieren entre sí.
  • Formación de contrarios. Una fábrica norteamericana de cerveza se enfrentaba al problema de destruir sus existencias remanentes. Uno de los directivos se acordó de la historia de Tom Sawyer, quien cuando su tía le encargaba pintar la valla de su casa, éste contaba a sus amigos lo divertida que resultaba la tarea, y les cobraba dinero a cambio de permitirles que le ayudaran. La empresa cervecera vende ahora su bebida vieja a Japón, donde se utiliza como sustancia nutritiva para el ganado destinado a la matanza.

El experto en creatividad Rolf Cornelius recuerda que estas técnicas "por si solas no aportan ninguna soltura al cerebro”. Únicamente una atmósfera de distensión puede crear el ambiente necesario para que surjan buenas ideas. Cuando hay libertad, la imaginación vuela y cuando la imaginación vuela, los negocios marchan.

Colaboración A. de Arcos